Curso Microdosis Tehuantepec Nov. 2014

Antibióticos y problemas neurológicos


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Hay varios estudios recientes muy interesantes referentes a enfermedades neurológicas y su relación con problemas gastrointestinales; las enfermedades neurológicas están siendo tratadas (y produciendo resultados asombrosos) recuperando la flora intestinal de los enfermos, pues esto provoca que se alivien de procesos infecciosos en el intestino. Los antibióticos alópatas no son una solución pues los microbios terminan haciéndose resistentes a ellos. La ingesta de antibióticos alópatas altera (mata) la microflora intestinal aumentando la posibilidad de posteriores infecciones por múltiples patógenos.  ¿Cuántas veces te ha hecho tu Médico un antibiograma antes de recetarte antibióticos?. La verdad, a mí nunca.
¿Pero qué tiene que ver el intestino con problemas neurológicos?

El intestino es llamado  “el segundo cerebro”, pues hay alrededor de 100 millones de neuronas, cantidad mayor a la que se encuentra en la médula espinal. Por otro lado, se considera que el intestino alberga alrededor de 100 trillones de bacterias y levaduras (no se sabe a ciencia cierta la cantidad, hay quien dice que sólo son cien billones, pero en cualquier caso son muchísimas) de unas 500 a 1,000 especies diferentes.  Se considera que la flora intestinal en promedio tiene un peso de un kilogramo en las personas, por lo que hay quien las considera no sólo un ecosistema ampliamente diverso y aun desconocido, sino un órgano más del organismo humano.

Otro dato sorprendente, es que el intestino  alberga la mayor cantidad de células del sistema inmunológico del organismo. El sistema nervioso entérico (este sistema nervioso entérico se encuentra distribuido por todo el aparato digestivo, desde el esófago hasta el canal anal) constituye el tercer componente del sistema nervioso autónomo junto con el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico.

Influye en gran parte de las emociones. Se considera que el 90% de la serotonina, “la hormona de la felicidad” o del bienestar que más bien sería del “bien-sentir”, se produce en el sistema digestivo y el restante 10% en el cerebro; la serotonina juega un papel importante en la inhibición del enojo, la depresión o la impulsividad; ¿recuerdas haberte enojado cuando no comes a tu hora?; ¿recuerdas estar de malas cuando haces dieta?....Con niveles óptimos de serotonina se duerme mejor y se tiene mejor memoria. Los medicamentos antidepresivos se encargan de modificar los niveles de esta hormona en las personas. También “el cerebro intestinal” produce la dopamina,  que modula el dolor y está relacionada con la sensación de calma y bienestar.
Michael Gershon, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y autor del libro “El segundo cerebro”,  es el descubridor del cerebro gástrico. Este científico demostró que el 95% de la serotonina corporal, neurotransmisor que influye en el estado de ánimo, es producida por el cerebro entérico. El intestino produce muchísimas otras sustancias, de las cuales, algunas aún son desconocidas y por lo tanto su función.
Diversas personas que padecen problemas neurológicos como Alzheimer, Parkinson,  trastorno por déficit de atención, fibromialgia, poliartritis reumatoide, ansiedad severa, depresión, desórdenes obsesivo-compulsivos;  niños hiperactivos, autistas, epilépticos, disléxicos, están mejorando notablemente al mejorar la situación de su intestino, principalmente al fortalecer la flora intestinal y modificar la alimentación. Además, al contener la mayor cantidad de células inmunológicas, el bienestar del intestino tiene una gran repercusión en enfermedades autoinmunes y alergias.
logo.gifDiversos neurólogos de todo el mundo, han presentado evidencias de que personas con problemas gástricos como enfermedad inflamatoria intestinal, colitis, gastritis, síndrome de intestino irritable, etc. tienen un riesgo mayor de sufrir diversos problemas neurológicos. Entre el 10 al 20% de la población mundial sufre de síndrome de intestino irritable.
La salud intestinal se afecta por microbios patógenos y toxinas, pero sobre todo, por antibióticos, que si se toman de forma continuada, alteran de manera importante la flora intestinal. Al alterar la flora intestinal, surgen nuevos padecimientos infecciosos, y es un cuento de nunca acabar. Hasta pareciera que quieren hacer negocio vendiendo antibióticos distintos toda la vida y de paso medicamentos para problemas neurológicos, ¿no?
La ingesta de probióticos mundialmente famosos y ahora de moda (en México por ejemplo el tepache, el pulque y la leche o agua de búlgaros (Kéfir)), no es la solución si se continúa con la ingesta indiscriminada de antibióticos. Los efectos colaterales de los medicamentos suelen presentarse con mayor frecuencia en el sistema gástrico, y gracias a los investigadores, ahora sabemos que estos efectos colaterales gástricos afectan a todo el sistema nervioso.
Además, hay que evitar aquellos “alimentos” que lejos de nutrir a los humanos, nutren el crecimiento de microbios patógenos en el organismo y provocan su proliferación. De esta manera, se puede “matar de hambre” a diversas bacterias y hongos patógenos intestinales. Las dietas ricas en carbohidratos simples (masas blancas, galletas, pasteles, etc), dulces, colorantes y bebidas azucaradas, frecuentemente se asocian al aumento de hongos, levaduras, y bacterias patógenas en el tracto digestivo (Cándida Al-bicans, clostridia, Helycobacter pylori, entre otras). Apenas este fin de semana, leyendo una etiqueta de miel de maple,  me enteré que además de todos los conservadores, saborizantes, colorantes, etc.  que contienen los productos alimenticios industriales también contienen “intensificadores de sabor”.
¿Y qué pasa con las Microdosis antibióticas?, este es su principal beneficio. Las Microdosis de medicamentos alópatas antibióticos como la rifampicina o el metronidazol,  o de plantas como la del ajo, tomillo, epazote, estafiate, chile, cempasúchil, etc., no dañan la flora intestinal. Podemos hablar entonces de dos cosas diferentes: Antibióticos que quitan vida según su propia etimología, que son los medicamentos alópatas normales; y antipatógeno, que son las Microdosis que utilizamos y que de ninguna manera dañan a la benéfica y sumamente importante flora intestinal.

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